Luz Negra


Exposición individual

Galería del Paseo
Lima — 2015


Incorporar el vacío

Luz tenue fuente por saber. Saber lo mínimo.
Saber nada no. Qué más quisiera.
- Samuel Beckett -

La obra de Fernando Prieto nos pone frente a una serie de evidencias de experiencias físicas sutiles que un cuerpo atento es capaz de percibir. Hace falta primero aceptar una dimensión del vacío que va a contracorriente del tiempo en que vivimos. Debemos incorporar el ritmo de la calma, como dice el artista, para poder descubrir en las obras que conforman la exposición un abanico de percepciones posibles.

En la instalación Luz negra que da título a la exposición, los pequeños soportes de madera pintados evidencian la manera en la que la luz cae sobre las paredes de la galería a una hora determinada. Ponen de manifiesto eso que nos rodea, la calidad de la luz, el cambio físico constante y el menos aprehensible; ese que hemos dejado de percibir. Las pinturas no importan en este caso como objeto - no estamos en una exposición donde se propongan piezas que mirar- sino que se nos propone una situación donde es necesario agudizar nuestra percepción para constatar las transformaciones más sutiles. La luz negra, esa parte del espectro que el ojo humano no es capaz de percibir, sirve de metáfora de todo lo que está ahí.

En la serie de dibujos 000 donde el contacto del grafito con el papel remite a partículas de polvo o constelaciones y líneas que delimitan pero no cierran, es necesario dejar el lenguaje de lado para privilegiar lo sensorial, y es desde ahí que las obras se despliegan y se ofrecen. Igualmente sucede con Para los pájaros, la instalación en el exterior de la galería que es una invitación para las aves de la zona y que funciona a su vez como pieza sonora e intercambio entre el adentro y el afuera del espacio expositivo. Ceder y contener pone de manifiesto un fenómeno físico constante y desapercibido como es la gravedad, donde es ésta la que posibilita las marcas de la tinta sobre el papel. El artista aparece en estos casos como un facilitador, sólo apunta más no interviene.

A través de la agudización de nuestra percepción podemos descubrir miles de universos donde pensábamos que no había nada. Lo que se nos ofrece es análogo a un contacto del cuerpo con lo más tenue, mirar al vacío como contenedor de la posibilidad del infinito, ahí donde parece que no hay elementos, ahí donde nos quedamos solos con los ritmos del cuerpo y sólo queda atender a lo frágil. La fragilidad asumida como una virtud, una voluntad y una entrega hacia el cambio.

Texto de sala. Maricel Delgado






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